La crisis de refugiados: un problema que sigue sin resolverse

Porque tienen hambre. Porque buscan protección. Porque tienen sueños más grandes que los que su país original puede permitir. Estas son algunas de las razones por las que muchas personas intentan llegar a Europa –principalmente desde África y Oriente Medio- en busca de un nivel de vida mejor. Al menos, digno.

Sin embargo, un poco porcentaje de la enorme cantidad de refugiados que llega a las fronteras europeas consigue quedarse. El resto es rechazado de forma violenta. Obligados a vivir en el infortunio de no saber si fue mejor o peor idea venir que quedarse. Huir de la inseguridad de su país para morir, como dice el absurdo refrán, “tanto nadar para morir en la orilla”.

En pleno 2017, casi 2018, la crisis de refugiados del viejo continente sigue sin resolverse. Una crisis que pronto cumplirá 3 años, y millones de personas involucradas. La mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, según datos de ACNUR (Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados).

Y aunque son muchos los que han cruzado las fronteras y han hecho una nueva vida, representan a la minoría. La mayoría, esa que no sale en los medios de comunicación, ni recibe propuestas para documentales ni oportunidades de desarrollo; esa gran mayoría, permanece en las sombras y sólo se le asigna un número anónimo en las estadísticas de refugiados que no lograron su meta: entrar a Europa, empezar de cero, tener la esperanza o la fortuna de poder realizar su sueño. Sin importar si este sueño era vencer al hambre que le carcomía el estómago, o emprender el negocio que soñaron desde pequeños.

A la par con ello, han crecido las mafias que comercian boletos ilegales en lanchas sin asientos que cruzan sin protección ni amparo de nada por el Mediterráneo. Y sólo hablamos de África, sin contar las migraciones masivas que en algunos países latinos se vienen dando con destino a España, y al resto de Europa.

Y sólo hablamos del 2017.